Hoy en Máximas Vibraciones estamos especialmente felices: cumplimos 17 años. Sí, esta casa abrió sus puertas en 2009… y a veces cuesta creerlo. Parece que fue ayer cuando, por allá en 2010, yo crucé por primera vez esa puerta y entré a MV.
Como toda chica nueva, llegué con mis miedos, mis dudas y, sobre todo, con los prejuicios que muchas mujeres tenemos cuando todavía no conocemos este mundo. No sabía muy bien qué me iba a encontrar, pero sí sabía una cosa: quería tener la mente abierta y la libertad de decidir por mí misma. Y con esa idea clara, me atreví a dar el paso.
Entré a MV y me enseñaron los pasos básicos del masaje: el contacto, la técnica, la escucha del cuerpo. Lo primero son siempre las bases, el respeto y el saber estar. Después, viene el “condimento” que cada una le quiere dar al masaje que ofrece, esa forma personal de cuidar, de acariciar, de crear una atmósfera propia. Desde el principio se nos inculcó algo muy claro: en la parte sensual, YO pongo los límites. Y así fue.
Los “sí” y los “no” estaban muy definidos en mi cabeza, y con el tiempo los fui reforzando. Todas tenemos límites, y es sano tenerlos. Más aún cuando eres nueva y quieres sentirte segura, o cuando ya tienes años de experiencia y sabes lo que quieres y lo que no. Porque sí, por si alguien todavía lo duda, esto es una profesión. Aunque haya quien diga con una sonrisa: “¡Venga, que esto te gusta!”. Pues no es tan sencillo como eso. Habrá de todo, como en cualquier oficio, pero no se trata de disfrutar “porque sí”, sino de saber desdoblarte, crear un “otro yo” profesional, responsable, que cuida, sostiene y ofrece una experiencia sin dejar de proteger a la persona que eres cuando termina la jornada.
Ese ha sido siempre, para mí, uno de los mayores secretos de este rubro: saber quién eres tú y quién es tu personaje; saber cuándo estás trabajando y cuándo estás descansando; y no mezclarlo todo hasta perderte. Desde aquel entonces hasta hoy he crecido, me he caído, me he levantado y he aprendido muchísimas cosas, tanto de los clientes como de mis compañeras y, por supuesto, de esta casa.
En todos estos años, por Máximas Vibraciones han pasado muchas mujeres, muchas historias, muchas maneras de ser. Y algo que nos encanta y que hemos cuidado siempre es la diversidad. La mayoría de nuestras chicas son españolas, pero desde hace años hemos ido incorporando mujeres distinguidas de diferentes orígenes y etnias. Nos gusta que esta casa refleje un mundo amplio y variado, y por eso nos ilusiona contar, entre las nuevas incorporaciones, con chicas latinas, orientales y africanas que aportan su propia sensibilidad, su cultura y su forma única de entender el masaje. Aquí no se trata de “coleccionar nacionalidades”, sino de sumar personas valiosas, profesionales y con alma, que encajen con la esencia de MV y sepan aportar calidez, respeto y elegancia a cada experiencia.
Y lo que más ilusión me hace ahora es que, después de tantos años, me encuentro formando a las nuevas masajistas, llevándolas de la mano para compartir con ellas todo lo que he vivido: los “sí”, los “no”, los matices, las señales a las que hay que estar atentas, las formas de cuidar su discreción y su bienestar por encima de todo. No se trata solo de enseñar un masaje, se trata de enseñar una forma de estar en el mundo: con dignidad, con límites claros, con respeto hacia una misma y hacia la persona que se tumba en la camilla confiando en tus manos.
En estos 17 años, por Máximas Vibraciones han pasado muchas mujeres, muchas historias, muchas etapas. Hemos reído, hemos llorado, nos hemos despedido de algunas que tomaron otros caminos y hemos dado la bienvenida a nuevas pieles que llegan llenas de ilusión. Y junto a nosotras, vosotros: los clientes de siempre, los que volvéis después de años, los que venís por primera vez sin saber muy bien qué encontraréis y salís con otra mirada.
Hemos conocido personas maravillosas, clientes que con el tiempo se han convertido casi en amigos de la casa, parte de esta familia silenciosa que somos. También hay personas a las que no hemos vuelto a ver, pero que seguimos recordando con muchísimo cariño, porque dejaron un momento bonito, una conversación especial o una anécdota que todavía nos arranca una sonrisa cuando la recordamos en recepción o en los ratitos entre compañeras.
Por eso, en este aniversario solo puedo deciros: gracias.
Gracias por la confianza, por venir, por creer en nosotros.
Gracias por seguir compartiendo aventuras con nosotras, por mimarnos con detalles, por regalarnos palabras bonitas cuando más las necesitamos. Con vuestras opiniones, vuestros deseos y vuestras propuestas nos ayudáis a mejorar, a madurar y a entender qué necesita cada uno para que podamos ser nosotras las que demos forma a esos ratitos de placer, calma y desconexión que venís a buscar.
Diecisiete años no se cumplen todos los días. Y si hoy podemos celebrarlo, es porque hay una historia detrás: la de una casa que abrió en 2009, la de muchas mujeres valientes que han pasado por aquí, la de una dirección que creyó en un sueño y la de un equipo que sigue trabajando cada día para que Máximas Vibraciones siga siendo un lugar especial.
Por muchos años más de respeto, sensualidad elegante, cuidado, límites claros, diversidad bonita y emociones compartidas.
Con cariño,
Mireia 💋
(05 de febrero de 2026)
